El Nuevo Testamento establece dos oficios ordinarios en la iglesia local: pastores o ancianos, y diáconos.
Pastores o ancianos
Son llamados por Dios para enseñar las Escrituras, cuidar espiritualmente al rebaño, dirigir la iglesia y protegerla del error. Deben cumplir las cualificaciones establecidas en pasajes como 1 Timoteo 3 y Tito 1.
Diáconos
Sirven a la congregación atendiendo necesidades prácticas y facilitando el ministerio de la iglesia. Su servicio permite que los pastores se concentren especialmente en la oración y el ministerio de la Palabra.
Oficios para edificar
Ambos oficios son importantes para el orden, el cuidado y la salud de la iglesia. No son títulos honoríficos, sino responsabilidades de servicio bajo el señorío de Cristo.

